A mí me curaron en el Garrahan.

Palabras hospitalarias para un país defenestrado

Sergio Zabalza

Editorial Letra Viva

 

Págs 124 - 2025 - 16 x 23 cm

 

En el libro que tienen entre manos, el psicoanalista y escritor Sergio Zabalza despliega (…) los límites geográficos de un país al cual define, coincidiendo con un colega, como defenestrado. Defenestrar significa destituir, expulsar a alguien de su sitial. Pero en términos etimológicos la palabra es aún más gráfica. En latín, fenestra significa ventana. Un país defenestrado sería, entonces, un país al que se arrojó al vacío desde un mirador. (…)

 

Zabalza propone reinventarlo con una intención que postula con un adjetivo sorprendente: hospitalaria. En latín hospitālis era todo lo relativo al huésped, a la hospitalidad. Durante la antigüedad, hospitālis no era una institución médica sino un templo donde, aunque no estuviesen en condiciones de curarte en términos clínicos, te acogían y te contenían —lo cual ya era mucho. Usar la palabra en función hospitalaria significa pasar en limpio el lenguaje, para que vuelva a significar lo mismo para todos los que deseamos entendernos.

 

El autor emplea la palabra para restañar ideas esenciales y recordarnos qué significaba lo bello y lo bueno. Un hospital —y especialmente uno como el Garrahan, que cuida de nuestros pequeños en riesgo severo— es bello y bueno. La vida natural que existe en lo profundo de nuestros mares es bella y buena. La sensibilidad en la que nos moldean ciertos artistas —como Charly García— es bella y buena. La justicia social es bella y buena. La piedad y la misericordia son bellas y buenas. La gente que se dedica a pensar con la intención de iluminar y hospedar (como Abel Langer, a quien este libro está dedicado) es bella y buena.

 

Por eso estoy convencido de que este libro sana. Ese es su deseo vehemente: formar parte del proceso de curación del país arrojado por la ventana. (Una recuperación que será larga pero todavía es posible, aunque el Emperador y sus cortesanos sigan desfilando como si nada.)

 

Como el padre del cuento de Andersen, estoy aquí para avisarles de algo. Escuchen la voz de la sensatez, de la sabiduría que no llama la atención sobre sí misma.

 

Escuchen la voz de Zabalza.

 

(párrafos extractados del prólogo de Marcelo Figueras)

A MI ME CURARON EN EL GARRAHAN.ZABALZA, SERGIO

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Sergio Zabalza

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En el libro que tienen entre manos, el psicoanalista y escritor Sergio Zabalza despliega (…) los límites geográficos de un país al cual define, coincidiendo con un colega, como defenestrado. Defenestrar significa destituir, expulsar a alguien de su sitial. Pero en términos etimológicos la palabra es aún más gráfica. En latín, fenestra significa ventana. Un país defenestrado sería, entonces, un país al que se arrojó al vacío desde un mirador. (…)

 

Zabalza propone reinventarlo con una intención que postula con un adjetivo sorprendente: hospitalaria. En latín hospitālis era todo lo relativo al huésped, a la hospitalidad. Durante la antigüedad, hospitālis no era una institución médica sino un templo donde, aunque no estuviesen en condiciones de curarte en términos clínicos, te acogían y te contenían —lo cual ya era mucho. Usar la palabra en función hospitalaria significa pasar en limpio el lenguaje, para que vuelva a significar lo mismo para todos los que deseamos entendernos.

 

El autor emplea la palabra para restañar ideas esenciales y recordarnos qué significaba lo bello y lo bueno. Un hospital —y especialmente uno como el Garrahan, que cuida de nuestros pequeños en riesgo severo— es bello y bueno. La vida natural que existe en lo profundo de nuestros mares es bella y buena. La sensibilidad en la que nos moldean ciertos artistas —como Charly García— es bella y buena. La justicia social es bella y buena. La piedad y la misericordia son bellas y buenas. La gente que se dedica a pensar con la intención de iluminar y hospedar (como Abel Langer, a quien este libro está dedicado) es bella y buena.

 

Por eso estoy convencido de que este libro sana. Ese es su deseo vehemente: formar parte del proceso de curación del país arrojado por la ventana. (Una recuperación que será larga pero todavía es posible, aunque el Emperador y sus cortesanos sigan desfilando como si nada.)

 

Como el padre del cuento de Andersen, estoy aquí para avisarles de algo. Escuchen la voz de la sensatez, de la sabiduría que no llama la atención sobre sí misma.

 

Escuchen la voz de Zabalza.

 

(párrafos extractados del prólogo de Marcelo Figueras)