Del sujeto al parlêtre: la clinica psicoanalitica

Conversacion Analitica.

Hugo Piciana (Coordinador)

Grama 

Págs 120 - 2026

Hoy, en lo actual, el discurso capitalista, con la biotécnica, su avance, pone en jaque, no los conceptos psicoanalíticos ni la clínica, sino a los semblantes del Nombre del Padre. La consecuencia de esto es lo que emerge como nuevas patologías. Lacan era alguien inclusive visionario, porque cuando hablaba de la caída del Nombre del Padre anticipaba la diferencia entre la locura y la psicosis.

Este desarrollo, vía el sujeto dividido, se puede ubicar con precisión en el último matema que escribe: el significante de la falta en el Otro. A partir de ahí necesitó llevar hacia lo real lo que ubicó con un nuevo significante: el parlêtre, con el que logró, después de muchos años de investigación, ubicar la relación íntima y a la vez diferenciada, entre el sujeto y el cuerpo. Volvió de una manera subversiva a Freud en relación al descubrimiento freudiano de las zonas erógenas. Para Lacan esas zonas son agujeros, agujeros que van a responder a ser soporte del cuerpo.

El movimiento que hace Lacan con relación a esta nueva episteme es llevar el cuerpo como superficie de escritura a la articulación del cuerpo con el goce. Va a ubicar el cuerpo en un lugar topológico por fuera de lo simbólico. Este movimiento implica pensar al Inconsciente no transferencial, al que llamó lo real, donde el parlêtre es, no la orientación a la cura, sino la orientación a lo incurable.

¿Qué hacer con lo incurable? Desde una lectura transversal, se podría decir que Freud en los análisis que llevaba adelante, se detenía en este punto que denominó “la roca viva de la castración”. Lacan avanzó sobre dos cuestiones que son pilares: sobre el más allá del falo y la castración, que toman la consistencia de lo real, como la pulsión y la angustia. Este giro que hizo Lacan abrió las herramientas, como lo llamo yo, para poder seguir los análisis en un trabajo sobre lo incurable, sobre los restos, sobre los desechos. Y este es el punto donde Lacan diferencia el sujeto dividido del parlêtre.

Hugo Piciana, fragmento de la apertura a la jornada.

DEL SUJETO AL PARLETRE.LA CLINICA PSICOANALITICA.PICIANA, HUGO

$29.990
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Hoy, en lo actual, el discurso capitalista, con la biotécnica, su avance, pone en jaque, no los conceptos psicoanalíticos ni la clínica, sino a los semblantes del Nombre del Padre. La consecuencia de esto es lo que emerge como nuevas patologías. Lacan era alguien inclusive visionario, porque cuando hablaba de la caída del Nombre del Padre anticipaba la diferencia entre la locura y la psicosis.

Este desarrollo, vía el sujeto dividido, se puede ubicar con precisión en el último matema que escribe: el significante de la falta en el Otro. A partir de ahí necesitó llevar hacia lo real lo que ubicó con un nuevo significante: el parlêtre, con el que logró, después de muchos años de investigación, ubicar la relación íntima y a la vez diferenciada, entre el sujeto y el cuerpo. Volvió de una manera subversiva a Freud en relación al descubrimiento freudiano de las zonas erógenas. Para Lacan esas zonas son agujeros, agujeros que van a responder a ser soporte del cuerpo.

El movimiento que hace Lacan con relación a esta nueva episteme es llevar el cuerpo como superficie de escritura a la articulación del cuerpo con el goce. Va a ubicar el cuerpo en un lugar topológico por fuera de lo simbólico. Este movimiento implica pensar al Inconsciente no transferencial, al que llamó lo real, donde el parlêtre es, no la orientación a la cura, sino la orientación a lo incurable.

¿Qué hacer con lo incurable? Desde una lectura transversal, se podría decir que Freud en los análisis que llevaba adelante, se detenía en este punto que denominó “la roca viva de la castración”. Lacan avanzó sobre dos cuestiones que son pilares: sobre el más allá del falo y la castración, que toman la consistencia de lo real, como la pulsión y la angustia. Este giro que hizo Lacan abrió las herramientas, como lo llamo yo, para poder seguir los análisis en un trabajo sobre lo incurable, sobre los restos, sobre los desechos. Y este es el punto donde Lacan diferencia el sujeto dividido del parlêtre.

Hugo Piciana, fragmento de la apertura a la jornada.